martes, 30 de diciembre de 2014

Cada vez que me giro te enredas en mi espalda

Un túnel del tiempo entre las sábanas.
Ecos entre tu pecho y mi espalda.
La gaviota lo grita en tu cara,
y porque los cuatro soles colisionan,

sé que me amas.
Llevamos un siglo morando estos sueños que otros llamaron pesadillas:
El hielo del invierno; la letra pequeña del contrato; el efecto secundario...
El túnel del tiempo se ensancha.
La gente no ve los diamantes que brillan en el fondo de nuestras gargantas,
traficantes de otras tierras, con un milenio de retraso,
pues bebemos el vino sin gracia y comemos los panes sin penas.
Revisas el mapa, grindo la yerba.
Decido morir en el momento preciso, ni antes (de recorrer el cielo), ni después (de ti).
"Feliz Navidad", cubriendo mis hombros.
"Feliz Navidad", prendiendo la mecha.
Terremoto. Dejamos el peta a medias.
"No te vayas nunca, nunca desaparezcas", saboreo la certeza mordiendo tus miedos.
Tu cansancio tiembla, ya te enredas en lo negro. El túnel del tiempo nos vuelve a tragar.
Lo que Dios nos ha entregado, que en nosotros no perezca.

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