miércoles, 7 de agosto de 2013

Universo 24

*Para R, por tropecientos años de sororidad.


Por si lo pregunto, la cena de hoy fue queso brie, sopa de sobre, vino frío.  Los únicos besos de amor son los que proceden de aquellos que aún no aprendieron a besar y a ellos nos les importa tu aliento, y te prefieren gorda, y les gusta jugar con tu pelo. Los únicos minutos que no cuentan son aquellos que no serán, los que se perdieron o los que vendrán cuando estés muerto. Ama ahora o muere ya.

Tengo miedo de la palabra propiedad. Mí, mío, “tengo, tengo, tengo, y tú no tienes nada, tengo a mi ovejita abierta a cuatro patas…”. Este es mi amigo, ¿quieres su Facebook? Esta es mi goma, y no te la presto*.

La camisa está sucia y los zapatos puestos. Te quedas, me quedo, si insistes, lo puedo. Eso es mío, esto es nuestro. Cierra la puerta con llave, deja la mente abierta para que te penetren bien, hasta el fondo, los otros – al no ser que ni eso quieras. Tengo miedo de ser de alguien, y me ahuyenta la idea de que alguien sea mío, porque, ¿y si lo pierdo?

Parece el universo un espacio precioso para flotar ajeno a todas estas ideas. Quiero ser estrella fugaz, quiero ser planeta sereno, quiero ser agujero negro que todo lo engulle ¡y ni la luz se le escapa! Quiero ser todo y nada. Sobre todo, nada.

Mañana sale un barco hacia la costa de los sueños. Mi equipaje son un trozo de queso, un sobre de sopa, una botella de vino blanco. Mi reflejo en el espejo – esa que a veces lo pierde. Una canción que empieza laá... Quiero que vengas y compartas conmigo lo poquito que tengo, tú, ese de boca honesta, las veinticuatro horas de la loca que no tiene miedo a hacerse daño en los huesos, que abraza a los árboles, que bebe demasiado... Que está sola porque reprime a la otra. Que llegó hasta aquí sin quererlo. Que está escribiendo.

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Te pregunto, ¿es esto lo que queríamos en un principio? Las lágrimas secas sobre la sangre fresca, las lenguas que se enredan en lamentos desganados, este “¡¡te quiero, pero no puedo!!” mientras gimen de dolor todos los huecos, el sol que se torna negro, el mar que nos mece lento mientras nos ahogamos mi amor, mientras nos vamos ahogando que nos falta el oxígeno y ya nos respiramos y las hormiguitas suben para jugar en nuestros párpados mediocres mientras nos desmayamos para siempre. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. Once. Doce. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. Once. Doce.
Ay cariño, por fin solos, por fin muertos.

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