viernes, 12 de julio de 2013

Vacaciones: Sol y noticias.

Vuelvo a España y ya en el avión huele a vacaciones. El resto de pasajeros aplaude al aterrizar el avión y yo espero tranquila a que se abran las puertas del gigante con alas para abrazar el bochorno y a mis seres queridos. Todo va bien y según lo previsto. Treinta y pico grados centígrados, sonrisas de mis parientes, coche con aire acondicionado, cena rápida de camino a Cádiz en un bar de carretera, cuarto con aire acondicionado - Gracias Dios mío por el aire acondicionado a pesar de lo que contamina, Amén. 

Y al despertar (sobre las doce y media de la mañana, que para algo estoy de vacaciones), almuerzo y noticias. Puede que sea porque estoy algo más sensible de lo normal o quizá porque es lo lógico, pero no aguanto viendo las noticias en la televisión más de diez minutos. Las de ningún canal. Bueno, quizá la sección deportiva y la previsión meteorológica. Pero hasta ahí. 

En los diez minutos que miré, en la televisión exhibieron los restos óseos de dos niños pequeños encontrados en el jardín trasero de su casa familiar, el juicio donde el padre de estos niños y familiares testificaban sobre el asesinato (¿lo peor? se sospecha que fue el propio padre quien lo hizo), un montón de gente de a pie opinando sobre el asunto a las puertas del juzgado, imágenes reales de violaciones e intentos de violaciones pasadas y recientes en países islámicos, un desalojo a una familia que no podía pagar su hipoteca, y cómo no, algunas imágenes de rebeliones, guerras y golpes de estado en las que cien caras gritaban y corrían de un lado a otro sangrando y llorando, entre nubes de polvo y ruinas que antes debían ser calles. Ah, casi se me olvida el desfile de caraduras que tenemos por dirigentes políticos en España diciendo que las tasas de matriculación para universitarios van a subir y que hay que seguir apretándose el cinturón, mientras ellos le aprietan las manos todo sonrisas a banqueros y otros mamones varios para la foto oficial de no sé qué.

Estaba almorzando y tuve que dejar de comer y pedirle a mi agradable compañía que por favor, apagasen la caja de los infiernos. Puede que me esté convirtiendo en una de esas personas elitistas que no quiere mancharse con la tristeza ajena la servilleta, no lo sé. Me puede acusar quien quiera de ello porque quizá lleve razón: fue apagar la televisión, secarme las lágrimas, respirar hondo, cambiar de tema, y sentirme mucho mejor. El pescado (lenguado a la plancha) estaba en su punto, y la cerveza no podía estar más fría...

No entiendo las injusticias sociales y aún menos, el morbo gratuíto. Se comenta en la mesa, para hacerme reír "es que ahora no echan fútbol, por eso todo ese circo...". Aún así, me cuesta entender cómo la gente ha llegado al punto de no sentir nada de nada al ver eso en la pantalla. Mastican, tragan, beben y miran y no sale un comentario de sus bocas... No, no, perdón, no es que no salga un comentario de sus bocas porque en realidad, salir, salen, que en España todos somos especialistas en arreglar el mundo "hablando"; ¡el problema es que no salen acciones de sus almas! No lo entiendo. No lo entiendo. ¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO? ¿Ya nadie llora, ya nadie se enfada de verdad, dónde está la pasión latina, esa de la que nos acusa toda Europa? ¿Cómo permitimos que nuestro mundo se corrompa de esta forma, y que además, nos lo restrieguen delante de nuestra cara? ¿Es que no sentimos nada o que no nos importa, directamente? 

No tengo hijos pero si los tuviera desde luego no permitiría que viesen las imágenes de huesos de niños asesinados enterrados por sus padres en el jardín, ni cómo violan a pobres chicas corros de doscientos hombres, ni tampoco entiendo cómo como padres y madres, este puñetero país no sale con armas de fuego a la calle a matar (sí señor, usé ese verbo porque ya estoy harta del porno blando) a todo aquel que se interponga en su camino hacia lo que es suyo y de sus hijos por ley universal: su pan, su techo, su paz. 

Me voy de España morena y triste. Cada vez vamos a peor, la gente tiene tal anestesia mental que es imposible hablarles sin que te digan incluso antes de empezar "no se puede hacer nada". Está claro que sentados y hablando, no vamos a hacer nada. Y además nunca se me dio bien hablar con muertos. Por eso me voy de nuevo. Avísenme cuando la revolución empiece, cuando todo el mundo haya apagado la tele y esté formando barricadas en las calles, yo prometo solemnemente estar aquí para ese día, puede que esté loca, pero no me importaría morir en ello. 
Y si no, nos vemos en Julio del año que viene.

Abrazos radiológicos desde la nave nodriza.

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