lunes, 29 de julio de 2013

Canapé

Mi mano se descuelga por la barandilla de mi cama. Juega y rasca en el precipicio donde se prohíben las palabras. Busca una mano amiga que paz brinde al cuerpo que no descansa; una mano tibia de piel morena y carne santa.

Giro y giro entre las sábanas. El cuarto está caliente. La ansiedad secuestra mi respiración. Mi corazón late tan rápido y tiemblo tanto ¡oh mi amor!, sostenme ya.

Pero mis uñas no atrapan ni siquiera una mosca, o una araña. Vacías, cuelgan ya quietas. En espera del amor que no se moja
y tampoco empapa.

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