sábado, 21 de mayo de 2011

momento espontáneo sin ningún tipo de interés

Tengo tal desorden encima de la mesa... que no puedo casi ni teclear sin miedo a que algo caiga al suelo y se desate una guerra química (creo que hace por lo menos 5 meses que no barro ni friego el suelo de mi habitación).
Tengo, en este momento, por el lado izquierdo de la mesa, dos bolsos, uno vacío y otro lleno de las cosas propias de un bolso de mujer del siglo XXI (cartera, tampones, llaves de todos los tipos y sabores, condenes extra sensibles, panfletos antisistema...). También está mi móvil, sin apenas batería, agonizando, suplicando que lo conecte a la red eléctrica y que alimente sus circuitos. Una pequeña báscula, resultado de mi espíritu altruista: ayer empecé a hacer un bizcocho para llevárselo a los chicos que acampan con el movimiento 15M (el bizcocho tenía tan buena pinta que mi espíritu altruísta se fue a tomar por saco). Una montañita de trozos de papel higiénico usado (resfriado catatónico). Apuntes, apuntes, trabajos, apuntes ajenos, más apuntes, más trabajos... ¡Ahm! Una pequeña libreta para anotar divagaciones (¿qué mejor momento para divagar que la hora del estudio?), y una receta de gazpacho espeso (salmorejo lo llaman).
Luego, a mi derecha... el vacío. Termina la mesa. Es aquí donde tengo arrinconado el ordenador. Mi pobre portátil, con tan pocos años y tanto mundo. Desearía que hubiera crecido más despacio pero las cosas no son nunca como uno desea. Está tan asqueroso como el resto de la habitación pero todavía funciona.
Justo enfrente de mí, entre el teclado y mi cuerpo, un plato de pizza vacío, un vaso de jugo desabrido, otro montoncito de papeles inútiles con fechas, citas, números de teléfono Y un ''te quiero'' escrito por el mismísimo Maquiavelo (históricamente sé que es imposible, pero si alguno de ustedes conociera a mi ex, le aseguro que empezaría a replantearse el temita de las reencarnaciones).
Esta es mi mesa de trabajo, mi ventana al mundo, mi carta de presentación a la gente que me viene a visitar, ya que por desgracia lo que primero se ve nada más entrar a mi pequeño rincón es mi mesa de trabajo.
Esta soy yo en época de exámenes, aburrida, agobiada, impertinente.
Nada bueno podía salir de esto. Una entrada de relleno.

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