viernes, 20 de mayo de 2011

El señor que se dedica a arrancar fetos del vientre de desafortunadas jovencitas, está gordo, muy gordo. 
Todos en el pueblo piensan que se los come una vez extirpados.
Yo llegué a pensar que lo que se tragaba eran las ganas de gritarle a todas ellas: "¡inconscientes!".
A mí siempre que me ve por la calle, me sonríe.

Mucho tiempo sin escribir. Pero hoy me ha salido esto al ver a alguien por la calle
que, si el destino hubiera sido un poco más justo, me hubiera dado la
oportunidad de conocer en mayor profundidad.
Esta entrada se la dedico a él, al conocido
que nunca será amigo, pero que
me inspiró de nuevo,
y me provocó ganas.

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