viernes, 17 de septiembre de 2010

¡Sorpresa!


 Hoy. Hecho trágico.
El Sr. Tiempo me ha hecho un regalo de despedida (se va, nuestro amor es imposible: es demasiado mayor para mi gusto). Dijo que sería una sorpresa. Y lo fue.
Esta mañana, al mirarme de reojo en el espejo, he descubierto una cana en mi coronilla, mancillando el nacimiento de una larga onda negra.
¿Genial, no?

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