domingo, 22 de agosto de 2010

Otro aquel quizá



Te estoy mirando por encima del hombro
(cosa irónica porque no soy tan alta),
esperando que te des cuenta de que mis ojos no te son indiferentes o de que los tuyos no me lo son. Porque no hay en tus ojos un color que yo pueda encontrar en el resto de los ojos que conozco 
(o que desconozco, por las calles de día, por las calles de noche).
Te hablo con tanta frialdad que si no supiera que te amo, hasta yo me creería que te detesto 
(insufrible).
Pero de pronto, como por accidente 
(aunque sospecho que no) 
tú también Me Miras 
(me estás desnudando, tiemblan mis manos y también mis párpados; sudo), 
y yo, callo. 
Lo haces también por encima del hombro 
(lo haces mejor que yo), 
y me hablas desde tan lejos 
(y estás muy cerca, tus labios son muy rojos) 
que tus palabras tienen eco, y yo me concentro en cada una, para que ninguna por repetida se confunda con la siguiente y altere el significado de tus frases.
Te das la vuelta. 
No hay despedida 
(o sí, porque tus ojos pestañearon; no atisbé lágrimas).
Yo me quedo aquí, pensando...  pensando, ¿qué?
Ya sabía qué pasaba contigo, cómo eras. Y cómo soy yo.
Lo sabía, lo sabía, lo sabía. 
Por eso no quería mirarte ni hablarte
ni dejar que me mirases
ni creerme lo que me decías. 
Pero no podía hacerte callar ni negarme a tus abrazos 
(¿cómo hacerlo?),
porque tienes los brazos más acogedores y las manos más adecuadas para tocar cada resquicio de mi alma... y tus palabras siempre encuentran la forma de engañar a mi consciencia
(las paredes se mueven, mis piernas no responden).
Negarte era negarme. Carpe diem. Fuentes de aguas prohibidas
(caigo).
Se cierra el telón y para mi sorpresa, hoy no aplaudo. Ni yo, ni nadie.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo sí, yo sí aplaudo. Cacho boba, donde manda patrón no manda sirena. Eso lo saben hasta los grumetes. Pero que bien lo llevas ¿no?
Carpe diem.

Anera dijo...

Querido Anónimo, parece que se regocija de mi fracaso. De todas formas, es cierto: donde manda cabrón (que diga, patrón), no manda nadie... Por eso le he mandado a la mierda (qué poco poético).