viernes, 18 de junio de 2010

Él (el otro)


 


Se apoya en su brazo perfecto, la mira desde las alturas: "eres preciosa".

Las lágrimas se asoman con precaución desde el interior de los ojos femeninos. ("¿Qué te ocurre? anda, cuéntamelo"). Al final, salen, le saludan, manchan su camisa.
Y hay jadeos, hay sollozos, pero no son de placer.

Luego, hay consuelo, hay luz en sus palabras tiernas. Palabras bálsamo.  
Las palabras tienen sabor cuando se susurran sobre los labios entreabiertos de una boca hambrienta.

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