martes, 15 de junio de 2010

Desde cerca.

Sin duda, hoy ha sido un día extraño. Sé que suena un pelín raro tocar este tema, pero mi experiencia me dice que en un futuro agradeceré haber dejado constancia de lo que hoy me ha acontecido: he visto por primera vez una persona muerta.

...

Pongo puntos suspensivos porque no sé cómo empezar.
Decir que me sorprendió es extraño hasta para mí. Me he enfrentado a la muerte de algunos seres queridos y también a algunas separaciones que se parecen casi a una muerte, sin embargo, la expresión ausente de un completo desconocido me ha herido más que todo lo anterior. Nunca había tenido tanta constancia de mi propia existencia, de mi cuerpo, el aire que entra sin ninguna resistencia por mi nariz... el mismo aire que de pronto pareció helado, me hizo temblar y me clavó astillitas justo en el centro del corazón. Me sentí mal, porque no le deseo la muerte a nadie y ver a una persona muerta... no tengo palabras, simplemente es sobrecogedor; pero por otra parte me sentí tan viva que...

He visto a una persona muerta, una persona que paseaba por un centro comercial, a lo mejor con la intención de comprar algo para un ser querido o simplemente con la intención de estirar las piernas en algún lugar resguardado del viento frío de la calle.

Da igual supongo, todos los días muere gente. No hay más que encender la televisión para observar que la muerte existe y nos termina por llegar a todos. No tengo más que mirar mi cara en el espejo. No le tengo miedo, no es una forastera, cada día nos visita a todos y la considero una amiga que nos anima a valorar lo que de verdad importa. Pero una cosa tengo que decir en su contra, es tremendamente inoportuna. Debería tener un poco más de consideración y pedirnos a todos la última cita cuando descansemos, en paz, en la calidez de nuestras camas, arropados en los brazos de alguien a quien amemos. ¿Demasiado heavy? Quién sabe, no para mí al menos.

Besos revitalizantes.

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