sábado, 8 de mayo de 2010

Bonnes nuits

La noche es sólo mía, solo tuya, y está reservada para nuestro encuentro imaginario, donde tú me besas, y yo te deseo tanto que me pongo a temblar con sólo mirar tus ojos felinos. Mi sueño, lugar donde me abrazas y hasta me abrasas; donde yo estoy contigo, sin más problemas y sin más complicaciones que la de las cremalleras y los botones; donde después de todo, nunca nos haría falta hablar para poder entendernos, donde estoy a solas contigo para darte todo lo que nunca fui capaz de darte, y dejar que me entregues todo aquello que tanto temía.

De pronto mi almohada se transforma en tu pecho. Mis sábanas tienen la tersura de tus dedos sabios. El calor asfixiante de mi habitación se convierte en el ardor de tu aliento sobre mi piel. Y esos mosquitos que me hacen cosquillas en las orejas con su vuelo hambriento, son tu risa y todas aquellas cosas que me hacían feliz.

La gente no entiende que me levante de tan buen humor a las siete de la mañana. Nadie entendió nunca demasiado bien lo nuestro, y por descontado, mucho menos nosotros.

Buenas noches hoy y siempre.

Me temo queridos terrícolas que mi 
creatividad se está resintiendo estos días. 
Perdonad si sueno un tanto drámatica
o, peor, un tanto patética.
Mil besos desde mi nave nodriza
para todo/a el/la que perdió un amor
y, junto con él, un poco de cordura
y casi todo su amor propio.

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