miércoles, 6 de enero de 2010

Reyes Magos

De toda la vida, siempre se me ha repetido hasta la saciedad: sólo a los niños que se portan bien, y tienen buen corazón, los Reyes Magos les traen regalos... ¡Y a los que no, carbón!
Pues bien, esta frase es completamente falsa.

El consumismo nos impulsa a gastar aunque tengamos que romper normas morales y cívicas establecidas hace ya... ¿decenios? Porque esto de los Reyes Magos tampoco es tan antiguo. Es un producto del capitalismo en el que cada año nos sumimos más y más, y en consecuencia, es insano. Es decir, ¿qué valores inculcas a un niño que se ha comportado como un demonio durante todo el año si la mañana del 6 de enero aparece debajo de su árbol de Navidad (50% plástico, 50% bolitas y luces de los chinos de un material parecido al plástico pero de vida considerablemente más corta) un buen montón de regalos caros? ¡Porque aunque haya crisis, ayer las jugueterías, las grandes superficies y hasta el rastro tenía más de la mitad de sus existencias agotadas!
¿Qué valores, qué moraleja? Que da igual la forma en que te portes, lo que te esfuerces: tu trabajo y tu esfuerzo solo te va a servir para tu sentirte realizado en el mejor de los casos, y como un auténtico gilipollas en el peor, si al final, todos reciben recompensa aunque no se la merezcan.
En realidad, no me parece mala idea que se den regalos a final de año. Es decir, soy agnóstica, y no creo en Dios ni en ninguno de sus rituales manipulados por este sistema asqueroso, pero ya que tenemos que comérnoslo (y "peco" de pesimista), al menos que una vez al año pues... no sé, podamos reunirnos en casa con permiso de nuestros jefes y todas las autoridades insanitarias de este puto planeta, cenar algo sabroso, cantar un par de villancicos, darle polvorones a los niños y beber, beber como cosacos, vino, cava o kalimocho, para olvidarnos de que somos un desastre como especie, que nos dejamos dominar y que de cierta forma, hasta nos gusta: "semos" masoquistas...: que las Navidades sean un impulso para poder seguir manteniendo la cabeza baja durante el nuevo año que entra, aunque eso sí, podamos retratarlo con nuestra novísima cámara de fotos semiréflex digital.
Total, que lo que yo quería decir al principio de esta entrada es que, definitivamente, odio las Navidades, y que este mundo cada día me confunde más.

1 comentario:

Miguelón dijo...

Animo!

Ahora toca atacar al ratoncito perez :O